Dicen que una taza de café encierra historias, sueños y tradiciones. Lo tomas cada mañana, lo compartes en reuniones familiares y es el cómplice perfecto de grandes conversaciones. Pero ¿realmente conoces su historia? Hoy te llevamos en un viaje por el tiempo para descubrir datos fascinantes sobre la historia del café colombiano.
La historia del café en Colombia está llena de giros inesperados, personajes clave y datos sorprendentes. Detrás de cada taza de café hay siglos de historia, esfuerzo y pasión. Conoce aquí un poco más del mundo cafetero:
El café no nació en Colombia ni en América. Sus primeras semillas surgieron en Etiopía y, a través de comerciantes árabes, llegaron a Europa en el siglo XVII. Desde allí, los colonizadores lo llevaron a distintas regiones del mundo.
En Colombia, su llegada se atribuye a los Jesuitas en el siglo XVIII. Aunque el café se adaptó perfectamente al suelo y clima colombiano, no fue fácil convertirlo en la industria que conocemos hoy.
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Se dice que las primeras plantaciones de café en Colombia aparecieron en el siglo XVIII en la región nororiental del país. Sin embargo, el café tardó varios años en expandirse debido a las dificultades del comercio en aquella época.
Los caficultores de ese tiempo eran familias campesinas que veían en el café una forma de sustento, pero también una tradición que se trasladó de generación en generación.
Se dice que el obispo Jesuita Francisco Romero jugó un papel clave en la difusión del café en Colombia. Como penitencia en las confesiones, él sugería a los feligreses plantar café en sus tierras.
Gracias a esta estrategia, la siembra de café se expandió por varias regiones, convirtiéndose en un cultivo popular y en una fuente de ingresos para muchas familias a lo largo de la historia del café colombiano.
Antes de que el café se convirtiera en el cultivo estrella de Colombia, otros productos como el tabaco, la caña de azúcar y el cacao dominaban el panorama agrícola. Sin embargo, con la demanda mundial de café en aumento, muchas familias campesinas comenzaron a enfocarse en su producción.
Hoy en día, Colombia es un referente mundial en la exportación de café, y su impacto económico sigue siendo vital para el país.
Colombia ocupa el tercer lugar en producción de café a nivel mundial, después de Brasil y Vietnam. Sin embargo, lo que distingue al café colombiano es su calidad, aroma y sabor.
El país es conocido por producir café de altura, caracterizado por su suavidad y acidez equilibrada, lo que lo hace favorito en muchos mercados internacionales.
El café colombiano crece en las zonas montañosas del país, a altitudes entre los 1,200 y 1,800 metros sobre el nivel del mar. Esta altura proporciona las condiciones ideales para un café de alta calidad.
El clima, la temperatura y la humedad juegan un papel crucial en el desarrollo del grano, aportando notas dulces y afrutadas.
A través de iniciativas de sostenibilidad y desarrollo, NESCAFÉ® sigue contribuyendo a la evolución del café en el país. El Plan NESCAFÉ® es una iniciativa para promover la sostenibilidad en la producción de café.
Lanzado en 2010, este programa busca mejorar la calidad del café, apoyar a los caficultores y reducir el impacto ambiental en toda la cadena de suministro.
El café de Colombia tiene una denominación de origen que certifica su calidad y procedencia. Esto garantiza que cada taza proviene de granos cultivados bajo estrictos estándares.
Este reconocimiento ha permitido que el café colombiano sea considerado uno de los mejores del mundo.
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En 2011, la UNESCO declaró al Paisaje Cultural Cafetero como Patrimonio de la Humanidad. Este reconocimiento resalta la importancia de la cultura cafetera y el esfuerzo de las familias caficultoras.
Este territorio no solo produce café, sino que también resguarda tradiciones, arquitectura y paisajes inigualables siendo fundamental en la historia del café colombiano.
El café no solo es una bebida, es el sustento de más de 500,000 familias en Colombia. La caficultura es una tradición familiar que pasa de generación en generación. Cada taza representa el esfuerzo de miles de manos que cultivan, cosechan y procesan los granos con dedicación y pasión.
El café se introdujo inicialmente en la región nororiental del país y, poco a poco, se fue expandiendo hacia Antioquia, Santander y Cundinamarca. Su adaptabilidad a distintas condiciones climáticas y geográficas permitió que se extendiera por la zona andina, donde encontró un entorno idóneo para su desarrollo.
Con el tiempo, departamentos como Quindío, Caldas, Risaralda y Huila se consolidaron como los principales productores de café, creando el famoso Eje Cafetero. Estas regiones han mantenido vivas las tradiciones del cultivo y recolección, convirtiéndolo en parte esencial de la identidad colombiana.
Detrás de cada grano de café hay una historia de sacrificio, amor y dedicación. El café ha unido generaciones enteras de caficultores que trabajan con orgullo para mantener la calidad que ha hecho famoso al café colombiano.
Cada sorbo es un homenaje a esas manos que con esmero siembran, cosechan y procesan el café que llega a nuestras tazas haciendo un gran aporte a la historia del café colombiano.
En muchas familias, el café es un ritual sagrado. Es el cálido saludo por la mañana, la excusa perfecta para compartir una charla y el compañero ideal en las reuniones familiares. Por eso, tomar café no es solo disfrutar de su sabor, sino también mantener viva una tradición que ha pasado de generación en generación.